REDACCIÓN 'EL OBSERVATORIO'
Fundada en 1448 por el Papa Nicolás V, es el hogar de una impresionante colección que ni la imaginación es capaz de alcanzar. Cuentan que si pusiáreamos en línea recta todas y cada una de las obras que alberga, alcanzaría la friolera distancia de... ¡90 kilómetros!
Los pasillos susurran historias de tinta y papel, donde habría históricos originales, como las páginas de La Ilíada escritas por el propio Homero; o la Divina Comedia de Dante. Esto revela los grandes tesoros que esconden sus estantes, que también guardan celosamente obras medievales y renacentistas, incluyendo manuscritos y textos únicos. Incunables fascinantes.
Otras de las joyas con las que cuenta la biblioteca es la Codex Vaticanus, un manuscrito griego del siglo IV que contiene la mayoría de la Biblia más antiguo de la que se tiene constancia. Además de ello, también se tiene constancia de tener en su haber obras originales de Aristóteles o Platón.
Ota curiosidad manuscrita que guarda la Biblioteca Vaticana es la carta por la que el rey inglés Enrique VIII pidió su nulidad matrimonial. Y es que hay que recordar que esta petición de nulidad, al no ser concedida, acabaría desencadenando la escisión de la Iglesia Anglicana y el reconocimiento de la corona inglesa como cabeza de la Iglesia Anglicana. También se conservan las actas del proceso contra Galileo por defender que la Tierra giraba alrededor del Sol.
Los más conspiranoicos siempre han fantaseado con lo que sus pasillos podrían ocultar. Entre las páginas allí guardadas podría esconderse más que la simple narrativa del ser humano: ¿secretos doctrinales? ¿relatos prohibidos? Hay quienes sugieren la presencia de escritos que podrían cambiar la percepción histórica de eventos clave, tales como la del propio cristianismo. Evangelios perdidos u obras coetáneas a Jesús, podrían dar un vuelco a los pilares de la religión más extendida, con casi 2.500 millones de fieles en todo el planeta.
El ingreso a este reino literario está reservado para unos pocos eruditos e investigadores. El acceso está casi prohibido para todos, con un estricto protocolo de seguridad para poder entrar en ella.
Hay que tener en cuenta que la biblioteca es un grial de manuscritos y documentos antiguos, y el acceso se concede con el propósito de preservar estos materiales y fomentar la investigación académica. La solicitud se revisan cuidadosamente y muy pocas se validan. Y eso sí, en el caso de otorgarse la visita, siempre con un acompañante vaticano y por zonas previamente muy escogidas.
Desde diciembre de 2013 una parte de estos tesoros ha sido compartida con el mundo a través de una página web, gracias al respaldo generoso de la Fundación Polonsky.